La repercusión de la entrada de China en la OMC sobre el ambiente de negocios

Las zonas especiales de inversión han sido el canal tradicional por el que los inversores extranjeros han entrado en China. Dos décadas después del inicio de este "laboratorio de inversión extranjera", la mayoría de economistas del país entienden estas zonas de inversión como un modelo económico desfasado, más aún a la luz de la directiva de tratamiento nacional de la OMC. Sin embargo, las mismas continúan teniendo el apoyo político del Consejo de Estado reflejado en la aprobación de 11 nuevas Zonas de Desarrollo Económico y Tecnológico –ZDET- en 2000. Así, hasta la fecha existen en China 5 Zonas Económicas Especiales (ZEE), 43 ZDET, 14 Zonas de Desarrollo de Alta Tecnología (ZDAT), varias zonas de libre comercio e incontables zonas de ámbito local y parques industriales, compitiendo fuertemente por la atracción de capital extranjero principalmente vía incentivos fiscales directos.

Uno de los pilares básicos del sistema de la OMC, el tratamiento nacional, parece que va a restar importancia a estas zonas que hasta el momento eran uno de los canales de entrada habitual para el capital foráneo. Esta cláusula fuerza a la igualdad en el trato a las empresas, con independencia del origen de su propiedad (nacionales o extranjeras), lo cual establece graves implicaciones respecto a los incentivos fiscales ofertados por las diferentes zonas especiales de inversión en China. Estos incentivos son fuertemente discriminatorios en la medida que el tipo aplicado a las empresas extranjeras ubicadas en estas zonas es considerablemente menor al establecido para las empresas domésticas. Consecuentemente, la política fiscal china se espera sea armonizada en un futuro próximo a través de un único tipo corporativo de nivel intermedio. Aún así, las reglas de la OMC permiten a China cierto margen de maniobra. Sin embargo, las empresas extranjeras no deberían esperar que el tratamiento nacional fuera a su favor en esta materia.

Bajo la OMC, el gobierno sería libre de continuar tales políticas siempre que las ventajas fiscales fueran ofrecidas por igual a empresas extranjeras y nacionales. En tanto que el gobierno no puede permitirse un gravamen reducido para todas las empresas, el estímulo fiscal podría reorientarse hacia ciertos tipos de inversión.

No cabe duda, como veíamos anteriormente, que la importancia de las Zonas Especiales ha sido de gran relevancia y continuará siéndolo en los próximos años. Con la ampliación de los derechos de comercio, distribución y servicios post-venta, como consecuencia de la entrada en la OMC, muchas de las razones que llevaban a las empresas a invertir en algunas zonas desaparecerán. Como en otros campos, la velocidad de implementación será crucial. Si el gobierno chino introduce lentamente nuevos derechos de comercio y distribución las zonas existentes que ya permiten tales actividades podrán retener su posición privilegiada por encima del tiempo esperado. Incluso si el gobierno es relativamente abrupto en la implementación de dichas políticas, las empresas necesitarán tiempo para racionalizar e integrar sus operaciones y muchas entenderán más cómodo seguir operando desde sus zonas de origen.

Por ello podemos ver no es mucho lo que ha cambiado por el momento, especialmente para las zonas de nivel nacional. Las empresas con inversión extranjera ya existentes deberían sentirse a salvo gracias a que los incentivos fiscales de los que disfrutan se encuentran recogidos en los contratos de inversión. La mayor preocupación es que los gobiernos locales se vean incapaces de subsidiar por ellos mismos las vacaciones fiscales ofrecidas. Los inversores extranjeros que planeen nuevas inversiones deben tener en mente que el sistema fiscal se modificará en su contra en un breve período de tiempo, con el establecimiento de un tipo impositivo a mitad camino entre el beneficioso 15% ofrecido a las empresas extranjeras y el 30% sufrido por las nacionales.

Por tanto, en el nuevo escenario de la OMC que dominará el futuro de China, las zonas de inversión que simplemente sean oferentes de ventajas fiscales quedarán progresivamente marginadas. La mayoría de los directivos de las empresas instaladas en las zonas son conscientes desde hace tiempo del cambio negativo en la orientación de la política fiscal. Por esta razón, las mejores zonas ofrecen no sólo estímulos fiscales sino también buenas infraestructuras y directivos capaces de solventar problemas cotidianos y con contactos con los funcionarios locales más influyentes. En el proceso de adaptación, los administradores de las zonas capaces de ofrecer un atractivo paquete de servicios que incluya la gestión de licencias, propiedad y personal, el comercio, la distribución y consultoría aumentarán el valor de sus zonas como polos de atracción de inversión y podrán sobrevivir en el futuro inmediato.

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